El error Malthus. Jorge Alcalde

En primer lugar, hay que advertir que, a pesar del ruido causado por la ciudadana 7.000 millones, el ritmo de crecimiento poblacional está descendiendo. Mientras se tardó 14 años (1960-74) en crecer un tercio (de los 3.000 a los 4.000 millones), han hecho falta 21 (1990-2011) para el siguiente cambio de tercio: de los 5.000 a los 7.000 millones. De hecho, los expertos consideran que nos acercamos al escenario de menor fertilidad de la historia y que, una vez alcanzados los 8.000 millones de habitantes, la población se estabilizará o llegará incluso a declinar.

En segundo lugar, es evidente que ni Malthus ni sus seguidores tuvieron la menor confianza en el ingenio humano. Al contrario de lo que pensaban, la mejora de las tecnologías, el avance de las ciencias, la evolución de nuevas labores agrícolas, el aumento del uso de fertilizantes y plaguicidas y la adaptación/globalización de las costumbres alimenticias ha premitido que el stock de alimentos no haya dejado de crecer en paralelo al aumento de los seres humanos alimentados.

Los datos hablan por sí solos. En los últimos 21 años, mientras la población creció un 40 por 100, el porcentaje de individuos que viven en la pobreza extrema no ha hecho más que descender. De hecho, hoy hay prácticamente el mismo número de seres humanos bajo ese umbral (es decir, que viven con menos de 1,25 dólares al día) que el que había en 1804: 890 millones de ciudadanos sobreviven en esas dramáticas condiciones. La cifra, que no deja de ser espeluznante, es idéntica a la de principios del siglo XIX, pero entonces la población humana era apenas superior a los 1.000 millones.

Es decir, en 200 años, el porcentaje de población sumamente pobre ha pasado del 80 al 12,7 por 100.

Evidentemente, los datos no son para alegrarse. Todavía hay demasiados seres humanos padeciendo la escasez más absoluta de recursos básicos. Pero nadie podrá negar que –si un titular debe extraerse de la incontestable realidad estadística– el mundo es hoy mejor que hace un siglo, y que, en contra de las previsiones agoreras, el aumento de la población no ha traído más pobreza, hambre y enfermedad, sino todo lo contrario.


A algunos esto les parece una amenaza y prefieren pensar que el avance de los países más pobres del planeta es insostenible. Creen que debe limitarse su crecimiento para proteger el medioambiente, el clima, los recursos. Vuelven a pensar, como Malthus, que aquellos que osan crecer, que aquellos que aspiran a ser tan ricos como la vieja Europa, tendrán tarde o temprano su castigo.

Los que creemos en el ingenio humano y en el poder regulador de la ciencia y la tecnología sabemos que también ellos se equivocarán. 


Leer completo en Libertad Digital.

Tim Ashkar (1956)

Nassauan Venus



Sisters
Manhattan Mona Lisa
Salome


Young Girl With A Seashell

Source: American Gallery.

China y la libertad. Carlos Alberto Montaner

La libertad no es una palabra vacía, es el componente básico del bienestar emocional.

Libertad para decir, escuchar, leer o escribir lo que nos plazca; para seleccionar a nuestros afectos; para rechazar o aplaudir; para intentar vivir dónde y cómo deseamos. Libertad para equivocarnos y levantarnos en la constante lucha por una felicidad que solo podemos definir individualmente. Libertad para no tener que fingir unas adhesiones que no sentimos.

El autoritarismo, dedicado a construir sociedades uniformes, genera crueles disonancias en quienes lo padecen. Biológicamente estamos conformados para la coherencia y la verdad y ese comportamiento solo se obtiene donde somos libres y no estamos gobernados por seres arrogantes que tienen todas las respuestas y dirigen nuestras vidas como les da la gana.

Es posible que el éxito económico chino esté en la dirección férrea del partido único. No es una excepción.

El salto a la modernidad de España y Chile tuvo relación directa con la dureza de los dictadores Franco y Pinochet, cuando impusieron ciertas reformas para dinamizar la productividad de esas naciones, pero el objetivo no es ser un esclavo bien cuidado y próspero. El objetivo es no ser esclavo.

Hong Kong, como colonia inglesa, se enriqueció sin dejar de ser libre. Taiwán, con la prosperidad, se desprendió de sus orígenes dictatoriales transformándose en un pueblo libre.

Li debiera saberlo: no hay que elegir entre la libertad y el progreso. Se pueden conquistar ambas metas. Otros lo han hecho.


Leer artículo completo en El Cato.

57.4 Percent of 1996′s Privileged 1% Are Now Among the Beleaguered 99%. Donald Boudreaux

For example, is Mr. Krugman warranted in dismissing the claim that “the rich are an ever-changing group” with a simple and parenthesized “not so”?  Who are the “rich”?  And how much income mobility is necessary for well-meaning observers to justifiably claim that “the rich are an ever-changing group”?

Is the following description, from the IRS, of data on individual households merely obfuscatory – something that no reasonable person can possibly interpret as evidence of substantial income mobility – or might it describe a plausible reason for well-meaning people to disagree with Mr. Krugman’s insistence that the rich are NOT an ever-changing group?: “More than half (57.4 percent = 100 – 42.6) of the top 1 percent of households in 1996 had dropped to a lower income group by 2005.  This statistic illustrates that the top income groups as measured by a single year of income (i.e., cross-sectional analysis) often include a large share of individuals or households whose income is only temporarily high.  Put differently, more than half of the households in the top 1 percent in 2005 were not there nine years earlier.  Thus, while the share of income of the top 1 percent is higher than in prior years, it is not a fixed group of households receiving this larger share of income.”


Read full in Cafe Hayek.

Debunking the Myth of Clutch in the NBA Once and for All. Adam Fromal

We NBA fans have all been there. 

Our team is down by one point with the final seconds of a crucial game ticking away slowly as the shot clock continues its maddening march to zero. We stare intently at the television and hope that the ball somehow finds its way into the awaiting arms of our team's star player (for me, unfortunately, that just happens to be Joe Johnson). 

As soon as he gets it, we just know that he's going to turn to face the basket, loft up a pretty-looking jump shot and inevitably make the final shot of the game as the buzzer sounds and single-handedly produces more decibels than the mass of fans at the stadium, all watching the arc of the ball in silence. 

The game ends and our hero has added one more clutch shot to the lengthy list of heroic moments in his career. 

But what if I told you that there was no such thing as clutch? 

Surely, this is where half of you are going to click through to the next article and dismiss me as some idiot who just happened to stumble onto a writing gig. But hear me out before you make up your mind.

Chances are, you've never questioned the existence of clutch, but rather assumed that it exists because people talk about it. 

I was one of those people until a few years back when my friend Shashank Bharadwaj dropped a bombshell and told me that clutch didn't actually exist.


Read full in bleacher report.

La confesión de Condoleezza. Andrés Oppenheimer

Si las biografías políticas de los recientes presidentes de Estados Unidos y sus encargados de relaciones exteriores dicen algo sobre cuales son las regiones que más les interesan —y yo creo que sí—, el nuevo libro de la ex Secretaria de Estado Condoleezza Rice habla por sí mismo: alrededor del 98 por ciento de sus páginas se refieren al Medio Oriente, Rusia y Asia, y un 2 por ciento a Latinoamérica.

Rice, cuyo jefe, el ex presidente George W. Bush, prometió durante la campaña del 2000 convertir a Latinoamérica en un “compromiso fundamental” de su presidencia, dedica sólo dos de los 58 capítulos de su libro de memorias, “No Higher Honor” (Ningún honor más alto) a America Latina. O sea, le dedica a la región unas 15 páginas de un volumen de 766 páginas.

[...]

No hay dudas de que Estados Unidos tenía que centrarse en el terrorismo islámico después del 11 de Septiembre del 2001, y que China será su principal desafío en el futuro próximo.

Pero también es cierto que Estados Unidos exporta tres veces más a Latinoamérica que a China. En total, el 43 por ciento de las exportaciones de Estados Unidos van a Latinoamérica y Canadá, y con el crecimiento de las clases medias de los países latinoamericanos, ese porcentaje podría aumentar aún más.

Además, América Latina es fuente cada vez más importante de petróleo, y es la región que más impacto tiene sobre Estados Unidos en temas como la inmigración y el narcotráfico. Latinoamérica merece algo más que el 2 por ciento de la atención de los líderes estadounidenses.


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Guía para entender el desaguisado griego. Juan Ramón Rallo

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Grecia es un país obsesionado con el gasto público y con la expansión del Estado vía endeudamiento. Para que nos hagamos una idea, en los últimos 30 años el Gobierno griego no ha cuadrado ni un solo ejercicio –repito, ni uno solo– con superávit en sus cuentas públicas. Comprensiblemente, la deuda pública, que estaba en el 22% sobre el PIB en el año 1980, hoy ha ascendido al 150%. Y todo, ¿para qué? Pues para edificar un parque temático socialista: el gasto público pasó de representar el 25% del PIB al 50%.

¿Cómo influyó en este proceso su entrada en el euro?

El euro proporcionó financiación barata a un Gobierno que ya estaba cayendo en la asfixia financiera y que en 1998 ya tenía que pagar unos tipos de interés superiores al 8%. Gracias a la expansión crediticia que llevó a cabo el sistema bancario europeo, comandado por el Banco Central Europeo (BCE), Grecia pudo financiarse en 2005 a tipos de interés del 3,5% y con una prima de riesgo del 0 puntos básicos.


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