The moral arc bends toward justice. Michael Shermer

Fortunately, thanks to the tools of modern science, we no longer have to divine it by conscience. We have data, comprehensively compiled by the Harvard University social scientist Steven Pinker in his new book entitled The Better Angels of Our Nature: Why Violence Has Declined (Viking, 2011). The thesis sounds counterintuitive. Shortly after Reverend Parker penned his book, over 600,000 Americans died in a brutal civil war. Half a century later, millions more died in the Great War, and just over two decades later tens of millions more were murdered in the Second World War and the Holocaust, followed on by Stalin’s purges, Mao’s Cultural Revolution, Cambodia’s killing fields, and the numerous genocides in Africa. With bodies stacked like cordwood and the ashes in the crematoria still cooling in living memory, how can anyone seriously argue that there has been a decline in violence?

The idea that we live in an exceptionally violent time is an illusion created by the media’s relentless coverage of violence, coupled to our brain’s evolved propensity to notice and remember recent and emotionally salient events, of which violence plays second fiddle to none. Pinker’s thesis is that violence of all kinds—from murder, rape, and genocide to the mistreatment of blacks, women, gays, and animals—has been in decline for centuries as a result of two forces: (1) a top-down rule of law created by Hobbes’ Leviathan state and an ensuing social contract, and (2) a bottom-up civilizing process brought about by trade, travel, and other social forces that have expanded the circle of our moral sentiments to include people beyond our kin and kind and clan.

Consider how far we’ve come since the violence of our hunter-gatherer ancestors. Data from dozens of studies reveals the percentage of deaths in warfare from prehistoric times to the present. The contrast is striking: Prehistoric peoples and modern hunter-gatherers and hunter-horticulturalists are far more murderous than states, with the percentage of death by violence for the former ranging from 10 to 60 percent, and an average of 24.5 percent, compared to 5 percent and under for the latter. Even the bloody twentieth-century wars weren’t so bloody by comparison: About 40 million people died in battle deaths during the century in which around six billion people lived, which amounts to 0.7 percent battle deaths. What about noncombat deaths, such as all those citizens who became the collateral damage of war? “Even if we tripled or quadrupled the estimate to include indirect deaths from war-caused famine and disease, it would barely narrow the gap between state and nonstate societies,” Pinker explains. Even all those genocides and the Holocaust only bring the death toll up to 180 million deaths, which “still amounts to only 3 percent of the deaths in the twentieth century.” And it’s been getting better ever since. In 2005, Pinker computes, a grand total of 0.008, or eight tenths of one percent of Americans died in two foreign wars and domestic homicides combined. In the world as a whole, the rate of violence from war, terrorism, genocide, and killings by warlords and militias was 0.0003 of the total population, or three hundredths of one percent.





World War II in photos (XV). The Pacific Islands



Primerasegundaterceracuartaquintasextaséptimaoctavanovenadécimaundécima, duodécimadecimetercera y decimocuarta entregas. (First, second, third, fourth, fifth, sixth, seventh, eighth, ninth, tenth, eleventh, twelfth, thirteenth and fourteenth parts).

En el reportaje original se incluyen los pies de foto. (Original report includes captions).














































¿Tenemos claro qué es el cáncer y cómo se origina? Sophie


 Lo mismo ocurre con una célula, que para poder dividirse en dos tiene ciertas fases muy controladas, recibe órdenes para empezar cada fase, se revisa cada una de ellas ha ido bien y se asegura que no hay anomalías que obliguen a parar el proceso. Quienes vigilan que no haya fallos son genes que producen determinadas proteínas, las cuales vigilan atentamente ese ciclo.

Si todo lo anterior va bien, la célula se divide en dos. Si hay algún pequeño fallo entre fase y fase, los genes ordenan parar ese ciclo para enmendar el error. Y si los daños son graves y se pierde el control del ciclo celular…esa célula defectuosa se divide y divide sin parar, originándose ese temido cáncer, ese conglomerado de células malignas que crecen exponencialmente, sin orden ni concierto. Y sin descanso tampoco.


Siempre en domingo: represión a las damas de blanco. Angélica Mora


Detuvieron en forma violenta a 11 Damas de Blanco que intentaban ir a misa en el reparto La Concepción, de Palma Soriano, Santiago de Cuba.

El ex preso político José Daniel Ferrer García informó por la red Twitter que junto a las mujeres fueron detenidos 4 activistas que filmaban la marcha.

Entre las detenidas estaban su esposa, la Dama de Blanco Belkis Cantillo Ramírez y las Damas de Apoyo Tania Montoya Vázquez, Aimée Garcés Leyva, Ana Celia Rodríguez Torres, Milagros Leyva Ramírez, Liudmila Rodríguez Palomo.

Los activistas arrestados son Raumel Vinajera Estive, su hermano, Guillermo Cova Reyes y Ruisán Ramírez.

Ferrer García, agregó que las mujeres “se echaron al suelo y comenzaron a gritar ‘Libertad’. Las arrastraron hasta el ómnibus, con los brazos torcidos las introdujeron en el vehículo y las sacaron de Palma Soriano”.

Ferrer añadió que las mujeres fueron posteriormente dejadas en libertad en diferentes puntos de la Carretera Palma Milla. Salvo Aimee Garcés Leyva y Tania Montoya Vázquez quienes aún permanecen detenidas.

Por su parte, el líder activista Jorge Luis García Pérez "Antúnez", anunció desde Placetas, Villa Clara, la liberación de su esposa Yris Tamara Pérez Aguilera, presidenta del Movimiento Femenino por los Derechos Civiles Rosa Parks, junto a las opositoras Donaida Pérez Paseiro y Yaimara Reyes Mesa.



El nacimiento de una palabra - The birth of a word. Deb Roy



Fuente: El Blogeante.

Tengo derecho a un micrófono porque soy manifashion. Cristian Campos

Durante tooodo el día siguiente a la manifestación de turno, las mujeres del equipo de limpieza del edificio se dedican casi exclusivamente a borrar pintadas, rascar ácido de los cristales y fregar meadas. Lo del ácido es especialmente jodido. Pueden imaginarse lo que opinan ellas de los manifestantes, los sindicatos, los funcionarios y la madre que los parió a todos. Esa es la foto que nunca sale en los diarios, la de las trabajadoras, y quiero decir trabajadoras de las de verdad, limpiando la basura que les han lanzado los que dicen defender sus intereses. He de confesar que no tengo en muy alta consideración la inteligencia del sindicalista medio. Sólo hay que echarle un vistazo u oír hablar a los secretarios generales de los dos principales sindicatos españoles para que se te caigan los machos al suelo. Si estos son los jefes del cotarro, los subalternos deben ser de los que usan el iPhone para cascar nueces. Pero aún y así, ¿no se les enciende una lucecita en esa bola de pelo que tienen sobre los hombros cuando se dedican a embadurnar una pared de basura? ¿Quién se creen ellos que limpiará luego esa pared? ¿Artur Mas? ¿Obama? ¿Trichet? ¿Botín?


Esto de irrumpir donde sea y con la excusa que sea es un deporte que los españoles manifashions han perfeccionado hasta llegar a cotas realmente fascinantes. Se irrumpe en las sesiones del Congreso, en las del Senado, en las de los parlamentos autonómicos, en las de los ayuntamientos, se irrumpe en conferencias universitarias, en mítines políticos, en representaciones teatrales, en conciertos, en espectáculos deportivos, en discursos, en reuniones y en fiestas de todo tipo y condición. En un alarde de virtuosismo irrumpidor, hemos llegado a irrumpir en manifestaciones… con otra manifestación de signo contrario. Hay días en los que los telediarios dedican más tiempo a las irrupciones de la jornada que a los deportes, que ya es decir.



Victoriano Collado, Agustín Pascual y José Luis Veiga, guardias civiles asesinados en Elburgo



Víctimas:

Victoriano Collado Arribas, guardia segundo de 21 años, era natural de Arroyomolinos de la Vera (Cáceres), donde fue enterrado tras un funeral al que asistieron unos cuatro mil vecinos. Su padre era también miembro de la Guardia Civil. Victoriano estaba soltero y había ingresado en el cuerpo con 19 años. Estaba trabajando temporalmente en el País Vasco, porque su destino cuando fue asesinado era Toledo.

Agustín David Pascual Jove, cabo de la Guardia Civil de 23 años, era natural de Madrid. Estaba casado y sin hijos. Igual que su compañero Victoriano Collado, había ingresado en la Guardia Civil con 19 años y su padre era teniente del Instituto Armado destinado en la Agrupación de Tráfico de Madrid. Agustín también estuvo destinado en el Servicio de Tráfico antes de ser trasladado al País Vasco. Los restos mortales del cabo Pascual Jove fueron enterrados en el madrileño cementerio de Carabanchel.


José Luis Veiga Pérez, sargento de la Guardia Civil de 40 años, era natural de la localidad vizcaína de Amorebieta aunque residía en La Coruña. Estaba casadocon Charo Sierra y era padre de dos hijos: José Luis, de 8 años, y David, de 4. El diario ABC publicó el 29 de septiembre la carta que José Luis Veiga había remitido a sus superiores dos años antes, en la que expresaba su deseo de continuar en el Servicio de Desactivación de Explosivos al que pertenecía desde 1980: "Deseo continuar en la especialidad, en primer lugar por una cuestión de amor propio profesional: quiero dominar mi trabajo, ya que las tareas que he emprendido me ha gustado culminarlas (...) Este deseo de continuar no significa que desprecie el riesgo, pero en mi modesta opinión considero que el riesgo de nuestra misión no es superior al de otros componentes del cuerpo".

A la horca con 14 años. José Miguel Calatayud



Yo nunca dije ante el juez que hubiera matado a nadie". Alphonse Kenyi, que ya ha cumplido 15 años, está en la última ala de la prisión de Juba, reservada para los condenados a muerte. Lleva entre rejas desde octubre de 2009. Fue condenado por asesinato múltiple cuando tan solo tenía 14 años. Le señalaron como miembro de un grupo que iba por la ciudad matando gente, los llamados niggers. Está en el corredor de la muerte desde octubre de 2010. Sobre él pende la sombra de la horca.

Su historia es el reverso oscuro de un proceso ilusionante. El pasado 9 de julio, Sudán del Sur se convirtió en un país independiente, y la ciudad de Juba, en la capital más joven del mundo. Tras una guerra de 22 años contra el norte, Juba es hoy una ciudad optimista que mira al futuro. La nueva corriente de esperanza llega hasta la prisión Central e incluso hasta el corredor de la muerte, donde los condenados sueñan con que el nuevo Estado los perdone.