Jose Aceves (1909 – 1968)





Fuente: American Gallery.

Every Child Is A Scientist. Jonah Lehrer

After the demonstration, both groups of children were given the toy to play with. Not surprisingly, all of the children pulled on the first tube and laughed at the squeak. But then something interesting happened: While the children from the second group quickly got bored with the toy, those in the first group kept on playing with it. Instead of being satisfied with the squeaks, they explored the other tubes and discovered all sorts of hidden surprises. According to the psychologists, the different reactions were caused by the act of instruction. When students are given explicit instructions, when they are told what they need to know, they become less likely to explore on their own. Curiosity is a fragile thing.

The moral is that parents and teachers must navigate the fine line between giving kids a taste of knowledge – the universe is not all mystery – while at the same time preserving a sense of ambiguity and uncertainty. When we explain things to kids, we shouldn’t pretend that we have all the answers. We shouldn’t turn science class into a dry recitation of facts that must be memorized, or only conduct experiments in the classroom in which the results are known in advance. Because it’s the not knowing – that tang of doubt and possibility – that keeps us playing with the world, eager to figure out how it works.


Read full.


Papers:

The double-edged sword of pedagogy: Instructionlimits spontaneous exploration and discovery. Elizabeth Bonawitz, Patrick Shafto, Hyowon Gweon, Noah D. Goodman, Elizabeth Spelke and Laura Schulz.

Where science starts: Spontaneous experiments inpreschoolers’ exploratory play. Claire Cook, Noah D. Goodman and Laura E. Schulz.



Rastani, el monigote soñado por la izquierda. Juan Ramón Rallo

En una gran encuesta realizada hace una década a millonarios estadounidenses (con un patrimonio neto superior al millón de dólares),Thomas Stanley descubrió que el 32% eran propietarios de empresas; el 16%, directivos; el 10%, abogados; el 9%, médicos; el restante 33% eran contables, ingenieros, arquitectos, maestros, profesores universitarios... Sólo el 8% recibieron como herencia más del 50% de su patrimonio, prácticamente ninguno se había comprado un coche de más de 41.000 dólares ni un anillo de compromiso de más de 1.500, y las cualidades que, a su juicio, más contribuyeron a su éxito fueron (por este orden) la honestidad, la disciplina, el buen trato a los demás, tener una pareja comprensiva, trabajar más duro que el resto y amar su puesto de trabajo. Una imagen sin duda muy distinta a la de nuevo rico malcriado que ofrece Rastani y a la que tanto le encanta recurrir a la izquierda.


En una crisis, el pánico de la inmensa mayoría de ahorradores genera una distorsión masiva en los precios de los activos; corresponde a los tradersmás habilidosos reconstruir todo ese desaguisado comprando lo que está relativamente barato y vendiendo lo relativamente caro. Pero lo anterior no significa que a todos o a la inmensa mayoría de los capitalistas –de los ahorradores– les vengan bien las crisis para enriquecerse a costa del resto de la población: que algunos prosperen en medio de la debacle no quita paraque la mayor parte de ellos se empobrezca significativamente. Fíjese tan sólo en el hundimiento bursátil o en las quiebras de empresas desde 2007 y descubrirá por qué al capitalismo lo que le viene bien es la prosperidad y el enriquecimiento de la mayor cantidad de personas posible.


Sin ir más lejos, Rastani confía en la deuda pública y rechaza de plano las acciones; puede acertar o puede fracasar, pero desde luego su estrategia financiera no es ganadora en cualquier contexto: las subidas de tipos, la inflación, los impagos o las devaluaciones bien podrían erosionar gran parte de su capital.


A finales de 2007 el volumen de activos que manejaba Lehman Brothers era de 700.000 millones de dólares, mientras que el de Godman Sachs, esa entidad que presuntamente dirige el mundo, según Rastani, era de 1,1 billones; un año después, el primero quebró y el segundo tuvo que recibir asistencia del Gobierno para sostenerse. Hoy, en 2011, Goldman Sachs es tan poderoso que su peso se ha reducido y maneja un volumen de activos inferior al billón de dólares; mientras, la Reserva Federal, ese monopolio estatal sobre la creación de dólares, controla 3 billones de activos. Y ello por no hablar del Gobierno estadounidense, que cada año gasta 3,5 billones de dólares (Goldman apenas gasta anualmente 35.000 millones, 100 veces menos) y tiene la capacidad de regular y usar la fuerza contra tipos como Rastani o contra empresas como Goldman Sachs. ¿Quién cree que posee más peso específico en nuestras economías? ¿Goldman Sachs o un Gobierno que gasta 100 veces más, que posee el poder de regularlo o incluso de nacionalizarlo y que cuenta con un banco monopolístico (la Reserva Federal) que puede imprimirle tanto dinero como desee?






Gerardo García, José Ignacio Ustarán, Juan Pedro González y José Luis Luengos



Víctimas:

Gerardo García Pérez estaba casado y tenía tres hijos. Trabajaba como camarero en la cafetería Rolando y fue uno de los tres empleados del establecimiento que perdió la vida en el atentado, junto a Francisco Gómez Vaquero, cocinero del establecimiento, y Manuel Llanos Gancedo, también camarero como Gerardo.


José Ignacio Ustarán Ramírez, de 51 años, era perito industrial y había dedicado su vida profesional a temas relacionados con la industria del automóvil. Estaba casado con Rosario Muela y tenían cuatro hijos. Procedente de una familia nacionalista –su padre y un hermano eran militantes destacados del PNV y, al parecer, otro hermano simpatizaba con la izquierda proetarra, según informaba El País el 1 de octubre de 1980, se había afiliado a UCD e incluso le presentaron a las elecciones al Parlamento, pero en los últimos de la lista. Rosario Muela, que se quedó viuda con 36 años, y llevaba diecisiete casada con José Ignacio, se trasladó con sus cuatro hijos a su ciudad natal, Sevilla, para intentar rehacer su vida tras el asesinato de su marido. "Me dejaron en una situación económica muy mala. Regresé a Sevilla y empecé otra vez de cero", explicaba en una entrevista mientras pedía permiso para encender un pitillo: "Me envicié cuando me quedé viuda, me ayudaba a no llorar". El asesinato de su marido le "marcó para siempre. He rehecho mi vida y me considero una persona muy tolerante, pero los odios y sensaciones que aquella situación me creó aún continúan" (Expansionyempleo.com, 21/07/2006).
Juan Pedro González Manzano, de 34 años, había nacido en Molina de Segura (Murcia) y residía en Basauri, donde estaba adscrito al Servicio de Radiopatrullas. Sin embargo, había sido destinado temporalmente al Grupo Local de Fronteras de Irún por necesidades del servicio. Un hermano de Juan Pedro, también policía nacional, contó que sólo le quedaban tres días de servicio en el País Vasco antes de que lo trasladasen a Molina de Segura. La familia de la víctima, incluida la viuda, se negó a que se celebraran actos oficiales en el País Vasco, por lo que el funeral religioso se celebró el 1 de octubre en la parroquia de Santa Cruz de la pedanía de El Puntal en Murcia, donde residían los padres. El funeral, al que asistieron centenares de personas, fue oficiado por el obispo de la diócesis de Cartagena-Murcia, Javier Azagra. Al mismo asistieron el presidente de la comunidad autónoma, Carlos Collado; el director general de la Policía, José María Rodríguez Colorado; el delegado del Gobierno en Murcia, Juan Manuel Eguiagaray, y el gobernador civil de Vizcaya, Daniel Vega. Juan Pedro González estaba casado con Isabel Regaliza y tenía una hija de corta edad.

José Luis Luengos Martínez, de 31 años, era natural de León, aunque llevaba cuatro años residiendo en Guipúzcoa. José Luis trabajaba junto a su hermano Javier y un grupo de jóvenes leoneses en la empresa Elitel, subcontratada por Telefónica. La misa funeral por José Luis, previa a su entierro en el cementerio municipal de San Froilán, se celebró en la Iglesia de la Sagrada Familia de León, con la asistencia de las máximas autoridades civiles de la provincia.




Detenida Odalys Zanabria Rodríguez al intentar interesarse por Sara Martha Fonseca




Fue detenida y golpeada la Dama de Blanco Odalys Zanabria Rodríguez cuando intentaba interesarse por la salud de Sara Martha Fonseca, quien se encuentra en huelga de hambre desde hace 6 días.

Según Elisban León Marce, el 28 de septiembre a la 1:00 pm, su esposa Odalys fue interceptada en las cercanías del capitolio habanero por agentes de la seguridad del Estado cuando se dirigía hacia la 4ta. Unidad de la Policía Nacional Revolucionaria del municipio Cerro.

Agregó la fuente que Sara Martha Fonseca se encuentra en condiciones pésimas de salud bajo el rigor policial.

En la detención Odalys Zanabria Rodríguez recibió fuertes golpes y se desconoce su paradero.



Yris Tamara Pérez Aguilera, Donaida Pérez Paseiro y Yaimara Reyes Mesa desaparecidas. Angélica mora




Mi nombre es Jorge Luis García Pérez “Antúnez”, esposo de la activista arrestada, golpeada y desaparecida Yris Tamara Pérez Aguilera. La última comunicación que sostuve con mi esposa fue en la mañana de este lunes 26 de septiembre de 2011 cuando, desde el Reparto Río Verde, en La Habana, me comunicaba que estaba en ese momento saliendo en una marcha con otros activistas a exigir la libertad de Sara Marta Fonseca Quevedo y el resto de los activistas que con ella habían sido arrestados.

Según testimonio de los que participaron en la marcha, las personas que presenciaron el hecho, como Julio León Fonseca, hijo de Sara Marta, dice que contra mi esposa Yris, contra Donaida Pérez Paseiro, contra Yaimara Reyes Mesa se desató una brutalidad muy fuerte. Fueron golpeadas, pateadas y demás.

Hasta el momento no hemos tenido noticias de ellas, sí hemos observado algo muy preocupante y es que, a raíz del arresto, mi vivienda ha sido sitiada y se mantiene un sitio muy fuerte contra ella. Numerosos efectivos de la policía política están muy cerca, a veinte o treinta metros de mi casa. Los teléfonos continúan interrumpidos, es decir con la señal típica de cuando están desactivados, en este caso presos.

Mi esposa, por ende, en el lugar que la tengan, si está viva, tiene que tener una situación de salud extremadamente crítica producto de sus serios padecimientos de diabetes, asma y epilepsia, y que tenemos por costumbre, por principios, en cada uno de estos arrestos mantener una huelga de hambre y sed contra la arbitrariedad de este arresto.

Estoy responsabilizando a la dictadura castrista de lo que pueda sucederle, y si en algún momento ha sido liberada de alguna unidad, eso no es cierto, estoy desmintiendo como esposo de ella cualquier versión que indique que mi esposa ha sido liberada de cualquier unidad, tanto mi esposa como Donaida como Yaimara.

Estoy responsabilizando al régimen castrista en las personas de los agentes de la policía política Bolodia, Camilo, altos oficiales de la Seguridad del Estado, así como a Idel González Morfi, alias Clavo de Línea, quien trató también de insinuar que mi esposa iba a ser liberada en horas de ayer y mi esposa aún no ha dado señales de vida.”





La luz al final del túnel. Matt Ridley




Matthew Parris metió el dedo en la llaga el sábado pasado con su afirmación de que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que ahora hemos de esperar tener que trabajar más duro y ser un 25% más pobres. Me llamó la atención como a muchos lectores. Ahorró todos los detalles de la deuda, el impago y el déficit para extraer una verdad esencial. Occidente ha funcionado con un sistema piramidal, gastando capital prestado para estimular los actuales estándares de vida. De las pensiones a las hipotecas, y del gasto público a la extravagancia del consumidor, ha llegado el ajuste de cuentas.

Todo eso es cierto, pero aquí van algunas reflexiones para animarles a ustedes y a Matthew. En primer lugar, el dinero lo prestaron aquellos que tenían activos netos, principalmente los chinos. Permitiendo algunos trucos matemáticos, el mundo no puede estar en deuda, aunque si tuviese la mínima oportunidad, Goldman Sachs encontraría sin duda la forma de lograr un préstamo de los marcianos. Por tanto la economía mundial, en su conjunto, no puede ser un esquema piramidal. 

Y la economía mundial, en su conjunto, ha seguido creciendo: retrocedió en solo un 0.6% en 2009 y luego repuntó al alza en un 5% en 2010, según el FMI. Los últimos cuatro años han resultado fatales para nosotros, pero buenos para los chinos, los indios, los brasileños e incluso los africanos. Nigeria está creciendo en un 9% al año. 

Gran parte de África, habiéndose estancado en los 80 y los 90, ha empezado a crecer como un tigre asiático, elevando de forma incremental la esperanza y los estándares de vida, reduciendo inexorablemente las tasas de nacimientos y la pobreza. Dado que en África se encuentra mucha de la población más pobre del mundo, estas son unas excelentes noticias para cualquiera que se preocupe por la humanidad en su conjunto. Hay un largo camino que recorrer, pero cada vez se demuestra más que los pesimistas que dijeron que África jamás podría emular a Asia están equivocados.

¿Triste consuelo para los británicos, dicen? Los tigres asiáticos se han comido nuestro almuerzo: si los leones africanos se están uniendo al banquete ¿qué esperanzas nos quedan? Muchas, la verdad. Sin duda, podríamos haber crecido también más rápido si hubiésemos pedido menos prestado y hubiésemos formado a los ingenieros en vez de a coordinadores de promoción comunitaria. Pero el comercio no es un juego de suma cero. Que otras personas se hagan más ricas significa más clientes para nuestros productos y servicios. Algunas exportaciones europeas a China, que van desde los seguros al perfume, están floreciendo. Las líneas aéreas asiáticas están pidiendo Airbuses como si fueran pizzas. 

Hay una oportunidad que debe ser aprovechada. 

Además, una década de estancamiento mientras saldamos (o incumplimos, o desinflamos) nuestras deudas, si es eso a lo que nos enfrentamos, no significa una década de estancamiento tecnológico. Los años 30 trajeron una serie de innovaciones —desde el neopreno al nylon, desde Lego a Biro, desde el pan en rebanadas a la televisión— que hicieron que la vida fuese mejor entonces y en la década de 2010. El crecimiento económico funciona ahorrando segundos del tiempo que debes trabajar para permitirte algo que quieres, dejándote ese tiempo libre para satisfacer una nueva necesidad. Cuanto más trabajemos los unos para los otros, y cuanto más aumentemos nuestra productividad con herramientas y combustible, más deseos podremos satisfacer. 

Las noticias de la semana pasada de que la localidad de Blackpool se asienta sobre un gigantesco yacimiento de gas, ahora accesible gracias a las nuevas tecnologías. El gas pizarra, barato, limpio y con niveles relativamente bajos de carbono, puede reducir el coste de la electricidad, del transporte y la producción, como ya ha empezado a hacer en América. Eso rebajará los costes de los bienes y servicios, posibilitando a los consumidores a permitirse más, lo que crea empleos y sube los niveles de vida. (Y hace que el aumento de la pobreza energética y la profanación de los paisajes con parques eólicos resulten innecesarios). 

Pensemos en el cambio tecnológico de esta manera. Aunque viajaras en el tiempo hasta los años 80, con tu salario moderno, y te vieras más rico que la mayoría de la gente, seguirías sin encontrar maletas con ruedas, señal de teléfonos móviles, vacunas para la hepatitis C o buenos descafeinados con leche en las principales calles. De manera similar, viajen en el tiempo hacia un próspero 2040 sin un aumento de sueldo y verá que es relativamente pobre. Pero piense en los productos que podrá encontrar allí, algunos de ellos proporcionados por los recientemente ricos e inventivos africanos. Que otra gente se haga rica significa otra gente que trabaja inventando cosas para ti. 

Por eso se equivoca Matthew Parris cuando dice que el libre mercado no nos garantiza el crecimiento, al menos para el mundo en su totalidad. La generalización de la especialización y el intercambio en todo el mundo hará de todo excepto garantizar al mundo un flujo estable de innovaciones y crecimientos de niveles de vida. Es tarea nuestra asegurarnos nuestra parte de esos beneficios. 

Si los británicos siguen viviendo por encima de sus posibilidades, y optando por perdedores seguros como la energía eólica y (Dios no lo quiera) los «productores» definidos por Milliband, entonces sí que nos caeremos en el tablero de la liga económica. Podríamos ser incluso tan estúpidos de emular a Corea del Norte o Somalia y lograr el absoluto declive, perdiéndonos las nuevas ideas, servicios y bienes que el mundo estará produciendo. Pero eso requiere de los esfuerzos heroicos de una locura colectiva que están sin duda más allá de nuestro alcance. ¿Verdad?

Así que, decir que tenemos que volver al trabajo si queremos subsanar la deuda y permitirnos el estilo de vida que creíamos que ya teníamos, es solo la mitad de la historia. A la larga es más positivo que eso. Si volvemos al trabajo, de manera productiva, existe una inmensa oportunidad: de vender suficientes mercancías y servicios a los consumidores del mundo y permitirnos así comprar todas las cosas maravillosas que a su vez pueden proporcionarnos ellos. Así es como podemos duplicar nuestra renta per capita real otra vez, como hemos hecho ya tres veces y media desde 1830.

La prosperidad no es un montón de activos. Es un sistema de oferta y demanda eficientes. Recuérdese lo que dijo Lord Macaulay sobre las consecuencias de la Burbuja de los mares del sur: «Si cualquiera le hubiese dicho a un Parlamento en estado de perplejidad y terror tras la crisis de 1720 que en 1830 la riqueza de Inglaterra sobrepasaría sus sueños más imposibles (…) que la diligencia viajaría de Londres a Nueva York en 24 horas, que los hombres se acostumbrarían a navegar sin viento, y que empezarían a cabalgar sin caballos, nuestros ancestros le habrían dado tanta credibilidad a la predicción como se la darían a Los viajes de Gulliver. Pero la predicción habría sido cierta».


Fuente: Arcadi Espada.

The light at the end of the tunnel. Matt Ridley



Matthew Parris hit a nerve last Saturday with his argument that we have lived beyond our means and must now expect to have to work harder and be 25 per cent poorer. It resonated with me as well as many readers. He cut through all the detail of debt, default and deficits to extract an essential truth. The West has run a pyramid scheme, spending borrowed capital to boost current living standards. From pensions to mortgages, from public spending to consumer extravagance, the reckoning has arrived.

All true, but here are a few thoughts to cheer you, and Matthew, up. First, the money was ultimately borrowed from those who had net assets, mostly the Chinese. Allowing for a few mathematical wrinkles, the world cannot be in debt — though given half a chance Goldman Sachs would surely find a way to arrange a loan from the Martians. So the world economy as a whole cannot be a pyramid scheme.

And the world economy as a whole has continued to grow: it shrank by just 0.6 per cent in 2009 then rebounded upward by 5 per cent in 2010, according to the IMF. The last four years have been rotten ones for us, but good ones for Chinese, Indians, Brazilians, even Africans. Nigeria is growing at 9 per cent a year.

Much of Africa, having stagnated in the 1980s and 1990s, has begun growing like an Asian tiger, incrementally raising life expectancy and living standards, inexorably cutting birthrates and poverty. Since Africa holds many of the world’s poorest people, this is great news for anybody who cares about humanity as a whole. There is a long way to go, but the pessimists who said that Africa could never emulate Asia are increasingly being proved wrong.

Cold comfort for Britons, you say? Asian tigers have eaten our lunch: if African lions are joining the feast, what hope have we? A lot, actually. Sure, we could have grown faster too if we had borrowed less and trained engineers rather than community outreach co-ordinators. But trade is not a zero-sum game. Other people getting richer means more customers for our goods and services. Some European exports to China, ranging from insurance to perfume, are booming. Asian airlines are ordering Airbuses as if they were pizzas.

There is an opportunity there to be grasped.

Besides, a decade of stagnation while we pay down (or default on, or inflate away) our debts, if that is what we face, does not mean a decade of technological stagnation. The 1930s brought a rash of innovations — from neoprene to nylon, from Lego to Biro, from sliced bread to television — that made life better and so will the 2010s. Economic growth works by shaving seconds off the time you must work to afford something you want, freeing you to spend that spared time satisfying a new need. The more we work for each other, and the more we amplify our productivity with gadgets and gas, the more wants we can each satisfy.

Take last week’s news that Blackpool is sitting on a truly gigantic gas field, now accessible thanks to new technology. Cheap, clean, relatively low-carbon shale gas can cut the costs of electricity, transport and manufacturing, as it has started to do in America already. That will lower the costs of goods and services, freeing consumers to afford more of them, which creates jobs and raises living standards. (And it makes the increasing of fuel poverty and desecration of landscapes by wind farms unnecessary.)

Think of technological change this way. Even if you time-travelled back to 1980 with your modern salary, and found yourself far richer than most people, you still could not find wheeled suitcases, mobile-phone signals, hepatitis C vaccines or decaf mocha lattes on the high street. Likewise, time-travel forward to a prosperous 2040 without a wage increase and you might find yourself relatively poor. But think of the products you could find there, some of them supplied by newly rich and inventive Africans. Other people getting rich means other people working to invent things for you.

This is why Matthew Parris is wrong to say that the free market does not guarantee growth — at least for the world as a whole. The expansion of specialisation and exchange around the world will all but guarantee the world a steady stream of innovations that raise living standards. It is our job to make sure that we can grab our share of those benefits.

If Britain continues to live beyond its means, and continues to pick losers such as wind power and (God forbid) Miliband-defined “producers”, then we will indeed slip down the economic league table. We could even be stupid enough to emulate North Korea or Somalia and achieve absolute decline, missing out on the new ideas, services and goods that the world will be making. But that would require heroic efforts of collective madness that are surely beyond even us. Aren’t they?

So it is only half the story to say that we need to get back to work if we are to work off the debt and afford the lifestyle we thought we already had. In the long run it is more positive than that. If we get back to work, productively, there is a gigantic opportunity — to sell enough goods and services to the consumers of the world so that we can afford to buy all the wonderful things they could supply us in return. That’s how we can double our real per capita income yet again, as we have already done three and half times since 1830.

Prosperity is not a heap of assets. It is a system of efficient supply and demand. Remember what Lord Macaulay said about the aftermath of the South Sea Bubble: “If any person had told the Parliament which met in perplexity and terror after the crash in 1720 that in 1830 the wealth of England would surpass all their wildest dreams ... that stage coaches would run from London to York in 24 hours, that men would be in the habit of sailing without wind, and would be beginning to ride without horses, our ancestors would have given as much credit to the prediction as they gave to Gulliver’s Travels. Yet the prediction would have been true.”


Choques entre soldados y desertores dejan varios muertos en Siria



La revuelta popular en Siria, lejos de calmarse, está ganando ímpetu, a pesar de los intentos del Gobierno de Bachar el Asad de retomar el control con mano férrea de varias zonas del país. Hoy, las manifestaciones en contra del régimen de El Asad han continuado sin pausa mientras que sus soldados siguen enzarzados en enfrentamientos que comenzaron hace tres días con insurgentes y desertores en el centro de la nación.
Según la agencia estatal de noticias siria, siete soldados y policías leales a El Asad han muerto en una operación contra la resistencia armada en Rastan. Los rebeldes elevan la cifra 11. "Las unidades responsables han infligido grandes pérdidas a los grupos armados terroristas", ha informado la agencia, citando a un portavoz militar. "La confrontación resultó en la muerte de siete integrantes del personal, entre ellos dos agentes, y causó heridas a 32, entre ellos siete oficiales, dos del Ejército y policías de seguridad", ha agregado.

Pedro Goiri, camarero de Guecho, y Alfonso Vilariño, policía municipal de Amorebieta



Víctimas:

Pedro Goiri Rovira tenía 23 años y era natural de Santurce. Estaba casado con María del Carmen Jiménez Vargas y tenía un hijo de seis meses. Su mujer también estaba empleada en el Bar La Pianola, donde Pedro había empezado a trabajar mes y medio antes de ser asesinado por ETA.


Alfonso Manuel Vilariño Orce, de 49 años, era natural de El Ferrol. Estaba casado y tenía cuatro hijos con edades comprendidas entre los 14 y los 9 años. Durante nueve años fue subjefe de la Policía Municipal en Durango. En 1976 pasó a Amorebieta como cabo. La víctima había sidoamenazada por ETA en otras ocasiones. Unos meses antes de su asesinato, el vehículo que acababa de aparcar en la parte trasera del Ayuntamiento fue ametrallado sin que ningún disparo llegara a alcanzarle. Durante algún tiempo había sido guardaespaldas del anterior alcalde, al que se consideraba próximo a la extrema derecha y que tuvo que abandonar la localidad tras ser también amenazado por ETA. La viuda de Alfonso comentó que estaba muy preocupado por su situación, por lo que había solicitado el traslado.

Música 01.10.2011


Grandes ciclos: Franz Liszt - Variaciones sobre un vals de Anton Diabelli.

Am I a Murderer? Testament of a Jewish Ghetto Policeman by Calel Perechodnik. Jeanna R. Collins


Am I a Murder?: Testament of a Jewish Ghetto Policeman (the original title is “A History of a Jewish Family During German Occupation”) by Calel Perechodnik is an interesting account by a twenty-seven year old ghetto policeman in Otwock, a town near Warsaw. Perechodnik began his memoir on May 7, 1943, while hiding in the home of a Polish woman in Warsaw. The memoir, which is primarily a confession of the guilt he feels for his responsibility in bringing about the deportation of his wife and two year old daughter and their subsequent death in Treblinka, is unique among Holocaust testimonies and is extremely thought provoking. Perechodnik’s account shares his profound sense of guilt for his inability to save his wife and child although that was the primary reason for his decision to become a ghetto policeman in early 1941. His description of the deportation on August 19, 1942, at the Umschlagplatz is chilling. The picture of his wife and daughter, sitting with the other victims as he carries out his duties, creates a surreal, circus-like scene that is intensified as he loads his boxcars. In relation to the previously mentioned comments by Viktor Frankl about the freedom of individuals in making decisions, it is interesting to compare the choices of Perechodnik, who carries out his duties at the Umschlagplatz, and his friend and fellow officer Abram Willendorf, who removes his police armband and joins his family in their wait for death. Perechodnik mentions several times his admiration for Willendorf, as well as for Janusz Korczak, who chose to die with the children under his care, but, sorrowfully, confesses that his fear of death prevented him from making the right decision.

Read full.


Source: Jordi Ainaud.

Calle 13 - Latinoamérica




Fuente: María Claudia Zevallos.

Programación Cine Doré. Octubre 2011

En el cine Doré, la filmoteca española en Madrid, tienen una programación para octubre muy atrayente (PDF).

Además de continuar con el ciclo dedicado a Luis García Berlanga, y otras películas interesantes, se podrá ver una joya del cine como es Dersu Uzala, el cazador de Akira Kurosawa, los días 4 y 30 de octubre.


Generando electricidad con la respiración. César Tomé


Un equipo de investigadores encabezado por Chenglian Sun, de la Universidad de Wisconsin en Madison (EE.UU.), han construido un dispositivo basado en PVDF que convierte el flujo de aire de la respiración humana en electricidad. El dispositivo podría servir como fuente de energía para otros dispositivos médicos implantados, eliminando de esta manera la necesidad de entrar en el quirófano para cambiar las pilas. Sus resultados aparecen en Energy & Enviromental Science.

La respiración podría ser una importante fuente de energía para uso personal, pero tiene dos inconvenientes: la baja velocidad del aire (2 m/s es un valor típico) y que fluctúa. Se ha conseguido recoger parte de esta energía con aparatos con un tamaño reducido pero todavía considerable, del orden de centímetros, y con el gran inconveniente de que necesitan velocidades de flujo claramente superiores a 2 m/s. Por tanto, es necesario reducir el tamaño del dispositivo para aprovechar las velocidades existentes además de que sea flexible y resistente a la corrosión para poder implantarlo en el cuerpo humano. Aquí es donde aparece el PVDF.

Los investigadores diseñaron un dispositivo muy simple, de micras, a base de una lámina de beta-PVDF. La lámina tiene que ser lo suficiente delgada como para que con la baja velocidad del aire entre en resonancia y genere electricidad. De hecho la principal proeza técnica de este trabajo es conseguir disminuir el espesor de la lámina sin que ésta pierda características mecánicas ni piezoeléctricas, lo que hicieron por grabado iónico reactivo (una combinación de grabado seco con grabado químico, como el aguafuerte).



Desde Siria. Jordi Pérez colomé

Cuando iba a ver activistas, imaginaba que me encontraría con jóvenes desaliñados o adultos curtidos. No fue así. Sahar era una chica delicada, con diadema: “Tengo miedo a morir. No tengo el coraje de otros para ponerme delante en una manifestación”, decía. Said (la cita inicial es suya) iba en camisa y hablaba un gran inglés: “Si esto acaba mal, no me quedaré a vivir en esa Siria”, dijo.


La catedrática Nora era aún más peculiar. Una mujer madura, fina, vestida con americana roja y tacones blancos, el pelo con mechas, muy maquillada y a quien no renovaron el contrato en su antigua universidad por defender a tres de sus alumnos que expulsaron por protestar (ahora trabaja en otra universidad).


La tortura más severa que sufrió alguno de sus conocidos fue un amigo de Said que debió estar tres días de pie y sin comer antes del interrogatorio -estaba con otros treinta en una celda de dos metros por uno y medio.


Todos los activistas coinciden en una cosa: “Si paramos ahora, estamos todos muertos”. Hay suficientes vídeos, llamadas y mensajes grabados para que la seguridad los analice con calma y los encuentre a todos. Ahora el régimen tiene otras prioridades, pero si la presión en la calle cede, están seguros de que irán a por todos, uno por uno. No tienen salida.



Leer entrada completa.