Arturo Pérez-Reverte sobre la biblia

Artículo de Pérez-Reverte sobre la biblia y su significado para la cultura. Estoy con su línea argumental.

Destaco:

(...) Ya sé que no vas a misa ni yo tampoco, y que monseñor Rouco y sus mariachis te caen, como a mí, igual que una patada en el duodeno. Pero no estamos hablando de opio del pueblo, ni de tocapelotas nietos de Trento, ni de estragos históricos y sociales, sino de cultura, chaval, que para ser librero no te enteras. De uno de los caudales de sabiduría que nos hizo lo que somos, cóscate, Viejo y Nuevo Testamento, cultura judeocristana que, combinada con el Islam mediterráneo, Grecia, Roma y toda la parafernalia, hizo lo que llamamos Europa y de rebote Occidente: sitio que lo mismo también te suena, Antoñete; aunque a esa vieja Europa, en tiempos referente moral del mundo, cuna de derechos humanos y crisol de cultura, ya no la reconozca ni la madre que la parió. Dicho en lenguaje de librero, para entendernos, te hablo del mayor bestseller de la Historia, necesario para quien pretenda estar al tanto de lo que es y lo que hace. Para tenerlo tan a mano como a Cervantes, Shakespeare y Montaigne: cuatro patas de la mesa donde algunos apoyamos los codos cuando estamos cansados. No sé si me explico.

(...) Es un hermoso ejemplar con la nueva traducción canónica de los textos sagrados al castellano, que será utilizada en todos los actos litúrgicos y catequéticos, o como se diga, de la Iglesia Católica de aquí. El canon, para entendernos, de la Biblia oficial en lengua de Cervantes. Esto lo convierte en libro de extraordinaria importancia; pues, aparte la lectura íntima que haga cada cual, su texto, leído en misa y utilizado a partir de ahora en las actividades relacionadas con el asunto, influirá directamente, en la lengua que hablan y escriben varios millones de católicos de habla hispana. Que se dice pronto.

Pero ésa, la de la peña practicante, sólo es una parte. Al fin y al cabo, la Biblia es también, y sobre todo, un magnífico caudal de diversión, reflexión y conocimiento. Un monumento indispensable para comprender sobre qué cañamazo se tejió lo que algunos cabrones reaccionarios y gruñones como el arriba firmante todavía llamamos, con una mezcla de melancolía y de guasa escéptica, cultura occidental; dicho sea sin ánimo -o con ánimo, qué puñetas- de ofender. En ese contexto, la Biblia es una fuente extraordinaria de relatos, aventuras, batallas, traiciones, amores, emociones y simbolismos; materia de la que hace tres mil años viene nutriéndose el mundo civilizado y que inspiró a los más grandes filósofos y artistas de todas las épocas; literatura, música, pintura y cine incluidos. Nadie que busque lucidez e inteligencia, que quiera interpretar el mundo donde vive y morirá, puede pasar por alto la lectura, al menos una vez en la vida, del libro más famoso e influyente -para lo bueno y lo malo- de todos los tiempos. El Antiguo y el Nuevo Testamento, para unos historia sacra y revelación divina, y para otros llave maestra de cultura e ilustración, son imprescindibles para comprender cómo llegamos aquí, lo que fuimos y lo que somos. Compadezco a quien no tenga un Quijote y una Biblia en casa, aunque sólo sea para decorar un mueble y leer cuatro líneas de vez en cuando. Y quien sí sea lector, que calcule. Sólo la Biblia, releída una y otra vez, bastaría para colmar una vida entera. Y ojo. Insisto en que no se trata de religión, sino de cultura. La de verdad; no esa papilla desnatada, presuntamente educativa, impuesta por quienes legislan desde su cateta mediocridad. Oponer prejuicios a la Biblia es como oponerlos a una catedral: no hace falta creer en Dios para visitarla y admirar su belleza. Para sentir lo majestuoso de la memoria que atesoran sus viejas piedras.

Ideologías

Mucha gente dice tener una ideología concreta. Por ejemplo, hay mucha gente que se declara de izquierdas. No sé qué quiere decir eso, pero se suele hacer con orgullo esa declaración. El caso de declararse de derechas es menos común y más recatado. Al menos desde mi experiencia. Tampoco sé qué quiere decir ser de derechas.

No me preocupa en estos momentos ese tema sino el hecho en sí de tener una ideología, entendiendo la misma como una serie de ideas y principios que sirven a las personas para enfrentarse e interpretar la realidad. La mayoría de las veces esas ideas y principios van asociadas a un grupo: comunistas, anarquistas, feministas, ecologistas, etc. Es habitual adaptar esos principios al mundo que se quiere conseguir, el mundo ideal. La realidad es una molestia que hay que sobrellevar como una pesada carga.

Cómo llegan esas ideas y principios a nosotros se me escapa. Entiendo que hay muchos factores que influyen: nuestro instinto de pertenencia a un grupo, querer ser aceptados, nuestros genes que nos predisponen para aceptar una serie de ideas y rechazar otras, experiencias personales, educación recibida, ideas de gente a la que admiramos, etc. Pero eso debería pasar a un segundo plano una vez que somos capaces de pensar y analizar la realidad.

Cuando alguien tiene una serie de ideas y principios sobre la realidad es duro cuando llega ésta y se las tumba de un plumazo. Ante eso quedan dos opciones, la primera es negar la realidad o ignorarla y seguir con las ideas como si nada hubiera pasado, esta opción tiene muchos seguidores y puede ser peligrosa. La segunda es pensar, aceptar la realidad y empezar a desprenderse de ideas y principios. Esta segunda opción de enfrentarse a la realidad puede hacer que mucha gente cambie su ideología pero no basándose en los hechos, es decir, que vuelve al punto inicial pero con otras cartas.
Una vez enfrentados a la realidad esas ideologías pierden todo su sentido, porque ningún grupo puede abarcar la realidad de tal manera que sus ideas y principios se adapten a la misma y la abarquen en su totalidad.

Me declaro un hombre sin ideolología. Me gusta interpretar los hechos y darles un sentido. Sin importarme mucho que suponen respecto a lo que piensen unos u otros, o incluso lo que podía pensar yo antes de tener conocimiento de esos hechos. La ciencia es la rama del conocimiento que consigue esto. Se observan una serie de hechos, se analizan, se construyen teorías, se prueban, y se sigue investigando hasta que se encuentra algún caso que las refuta y se vuelven a construir teorías y a probarlas.

El mundo sería un lugar aun mejor si fuéramos capaces de pensar y adaptarnos a la realidad en vez de querer adaptarla a nuestras ideas.