Victimas 28 de agosto: Jesús María Echeveste Toledo, Alfonso Estevas-Gilmain Muñoz y Aurelio Salgueiro López

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Aurelio Salgueiro López, tenía 46 años y era natural de Monforte de Lemos (Lugo), localidad donde fueron enterrados sus restos mortales. Estaba casado y tenía siete hijos con edades comprendidas entre los 19 años, el mayor, y apenas 1 año el pequeño. Llevaba unos veinte años en el cuartel de Mondragón.


Alfonso Estevas-Gilmain Muñoz, de 41 años, era natural de Madrid, aunque residía en Fuenterrabía desde que tenía 18 años. Estaba casado y tenía tres hijos varones de 12, 11 y 6 años de edad. Estaba destinado en Irún, donde llevaba doce años, dos de ellos como jefe del Servicio de Información del Cuerpo General de Policía. Además, él y su mujer regentaban el Hostal Álvarez Quintero en Fuenterrabía. Alfonso era una persona muy conocida en la localidad en la que vivía, donde había empezado a estudiar euskera, además de la carrera de Derecho. Unas trescientas personas asistieron a su funeral en la capilla de la Policía Armada en Irún, presidido por la viuda, el padre y sus hijos, al que asistió el gobernador civil de Guipúzcoa, Antonio Oyarzabal. El lugar del funeral fue elegido por la familia de la víctima, que expresó el deseo de que tuviera carácter privado, por lo que no se permitió la entrada de fotógrafos y redactores de los medios de comunicación. La mayoría de los asistentes eran miembros del Cuerpo General de Policía y de la Guardia Civil. Posteriormente sus restos mortales fueron trasladados a Madrid, su ciudad natal, donde fue enterrado por expreso deseo de sus familiares.


Jesús María Echeveste Toledo tenía 46 años y era ingeniero industrial. Estabacasado y no tenía hijos. La víctima carecía de vinculaciones políticas conocidas, aunque era simpatizante del PNV, partido al que, según informó el diario ABC (19/08/1980), estaban afiliados su mujer y su hermano. Este mismo periódico señaló que nadie sabe el motivo por el que fue asesinado, porque mientras unos negaban que hubiese recibido amenazas, otros señalaban que se había negado a pagar el llamado impuesto revolucionario. También hubo rumores de que su asesinato se hubiese debido a una equivocación de la banda terrorista, pues un miembro de la ejecutiva de UCD, que había abandonado Guipúzcoa tres meses antes al conocer que estaba en una lista de ETA, vivía en el mismo domicilio que Jesús María y Milagros.



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