¿Una nueva etapa en Cuba? por Andrés Oppenheimer

Artículo de Andrés Oppenheimer sobre la liberación de presos en Cuba y nuestro Ministro de Exteriores Miguel Ángel Moratinos. Totalmente de acuerdo con Oppenheimer

Destaco la conclusión de Oppenheimer:

"Mi opinión: Estoy de acuerdo. En vez de seguir la recomendación de Moratinos, la Unión Europa debería ser un poco más imaginativa y decirle a Cuba: Aplaudimos este anuncio, y estamos dispuestos a levantar nuestra Posición Común, pero ustedes deben adoptar algunas medidas mínimas para demostrar que están dispuestos a dar pasos hacia el acatamiento de los derechos fundamentales consagrados por las Naciones Unidas".


Los europeos podrían continuar diciendo: ``No se asusten, no estamos exigiendo grandes cosas, como elecciones libres, tal como lo exigen los Estados Unidos. Estamos pidiendo cosas pequeñas, como permitir a la gente reunirse con quien se les antoje, o viajar libremente dentro del país, o autorizar a los disidentes a publicar en la isla.

Por supuesto, el régimen cubano no accedería, porque sabe que no sobreviviría si Cuba dejara de ser un estado policial. Pero eso le enviaría una señal al régimen de que no puede seguir haciendo más de lo mismo, y ayudaría a poner en perspectiva los recientes titulares sobre la liberacion de los presos politicos".



ARTÍCULO:

El anuncio hecho por Cuba de que liberará a 52 prisioneros políticos en los próximos cuatro meses es un acontecimiento para celebrar, pero la afirmación del ministro de relaciones exteriores de España, Miguel Angel Moratinos, de que la excarcelación ``abre una nueva etapa en Cuba'' es un disparate.

Después de su reunión con el dictador cubano, Gen. Raúl Castro y el cardenal Jaime Ortega, en La Habana, Moratinos celebró la noticia de la inminente liberación de los primeros cinco disidentes como un hito de la historia reciente de la isla.

Se abre una nueva etapa en Cuba, dijo Moratinos a los periodistas. Agregó que Ya no hay ninguna razón para mantener la Posición Común'' de Europa con respecto a Cuba, refiriéndose al acuerdo europeo de 1996 que condiciona cualquier mejora en las relaciones con Cuba al avance de la democracia y los derechos humanos en ese país.

Pero la mayoría de los observadores de línea moderada señalan que la aserción de Moratinos es una exageración monumental.

En primer lugar, Cuba tiene una larga historia de usar a sus presos políticos como fichas de negociación. Libera un puñado de presos cada tanto a cambio de concesiones económicas o diplomáticas, para más tarde arrestar la siguiente tanda de disidentes.

El reverendo Jesse Jackson consiguió la liberación de 26 presos políticos en 1984, Bill Richardson logró sacar a tres disidentes de la cárcel en 1996, el ex presidente Jimmy Carter sacó un prisionero tras su viaje a la isla en el 2002, y la visita del Papa Juan Pablo II a Cuba dio como resultado la liberación de 80 disidentes presos.

En segundo lugar, aún cuando Cuba cumpla su palabra y libere a 52 disidentes en un intento de conseguir la ayuda económica europea que necesita desesperadamente, esa cifra representaría menos de un tercio de los presos políticos que hay en la isla. Según la Comisión de Derechos Humanos de Cuba, hay 167 prisioneros de conciencia en la isla.

Pero los grupos internacionales de derechos humanos creen que hay muchos más, porque Cuba no permite que los inspectores de las Naciones Unidas visiten las cárceles cubanas para ver quiénes están tras las rejas, y por qué motivos.

En tercer lugar, todavía no sabemos si se tratará de una liberación de prisioneros o de una deportación forzosa. En el pasado, Cuba ha tendido a liberar a los presos políticos que aceptan exiliarse. Según la declaración de la Iglesia Católica en la que se anunció la liberación de presos, estos podrán abandonar el país, pero no se especifica qué ocurrirá con los que quieran quedarse.

En cuarto lugar, y lo más importante, el régimen cubano ni siquiera menciona la posibilidad de modificar los artículos 72 y 73 de su código penal, que autoriza a encarcelar personas por ``peligrosidad'' antes de que cometan ningun delito, basándose meramente en la sospecha de que podrían cometerlo en el futuro.

El régimen tampoco parece dispuesto a cambiar su ley 88, que le permite encarcelar a las personas por haber publicado algo crítico del gobierno en el exterior, u otras leyes diversas que prohíben la libertad de expresión, la libertad de reunión, la libertad de viajar dentro del país o al exterior, los sindicatos independientes y los partidos políticos.

Cuando le pregunté a José Miguel Vivanco, director de la organización no-gubernamental Human Rights Watch, si el reciente anuncio de Cuba significa una nueva etapa en la política de la isla, me dijo: Obviamente, estamos muy felices por los presos y sus familias, pero nunca se me ocurriría felicitar a un gobierno por liberar a gente que jamás debió haber estado presa.

Vivanco, un crítico del régimen cubano que al mismo tiempo se opone al embargo comercial estadounidense a la isla, agregó que si las normas cubanas no cambian, no cambia nada.

Mi opinión: Estoy de acuerdo. En vez de seguir la recomendación de Moratinos, la Unión Europa debería ser un poco más imaginativa y decirle a Cuba: Aplaudimos este anuncio, y estamos dispuestos a levantar nuestra Posición Común, pero ustedes deben adoptar algunas medidas mínimas para demostrar que están dispuestos a dar pasos hacia el acatamiento de los derechos fundamentales consagrados por las Naciones Unidas".

Los europeos podrían continuar diciendo: ``No se asusten, no estamos exigiendo grandes cosas, como elecciones libres, tal como lo exigen los Estados Unidos. Estamos pidiendo cosas pequeñas, como permitir a la gente reunirse con quien se les antoje, o viajar libremente dentro del país, o autorizar a los disidentes a publicar en la isla.

Por supuesto, el régimen cubano no accedería, porque sabe que no sobreviviría si Cuba dejara de ser un estado policial. Pero eso le enviaría una señal al régimen de que no puede seguir haciendo más de lo mismo, y ayudaría a poner en perspectiva los recientes titulares sobre la liberacion de los presos politicos.

An Economy of Grinds by David Brooks

Artículo de David Brooks en el que habla sobre la crisis y la responsabilidad de los bancos centrales y la de los hedge funds.

Destaco:

"As Sebastian Mallaby shows in his superb book, “More Money Than God,” the smooth operators at the big banks were playing with other people’s money, so they borrowed up to 30 times their investors’ capital. The hedge fund guys usually had their own money in their fund, so they typically borrowed only one or two times their capital".


ARTÍCULO:

If you go to business conferences, you know that at lunch it is definitely better to be seated next to a prince than a grind. Princes, who can be male or female, are senior executives at major corporations.

They are almost always charming, smart and impressive. They’ve read interesting books. They’ve got well-rehearsed takes on the global situation. They can drop impressive names as they tell you about their visits to the White House, Moscow or Beijing. If you’re having lunch or dinner with a prince, you’re going to have a good time.

Grinds, on the other hand, tend to have started their own company or their own hedge fund. They’re often too awkward to work in a large organization and too intense to work for anybody but themselves.

Over lunch, they can be socially inert. You try to draw them out by probing for one or two subjects of interest to them. But as often as not, you find yourself playing conversational ping-pong with a master of the monosyllabic response.

Every once in a while you’ll run into one who can’t help but let you know how much smarter he is than you or anybody else in the room. Sitting at this lunch is about as pleasant for him as watching a cockroach crawl up his arm. He’d much rather be back working in front of his computer screen.

Since the princes are nicer and more impressive, it is easy to be seduced into the belief that they also are more trustworthy. This is false. During the last few years, for example, the princes at Citigroup, Bear Stearns, Goldman Sachs and Lehman Brothers behaved with incredible stupidity while the hedge fund loners often behaved with impressive restraint.

As Sebastian Mallaby shows in his superb book, “More Money Than God,” the smooth operators at the big banks were playing with other people’s money, so they borrowed up to 30 times their investors’ capital. The hedge fund guys usually had their own money in their fund, so they typically borrowed only one or two times their capital.

The social butterflies at the banks got swept up in the popular enthusiasms. The contrarians at the hedge funds made money betting against them. The well-connected bankers knew they’d get bailed out if anything went wrong. The solitary hedge fund guys knew they were on their own and regarded their trades with paranoid anxiety.

In finance, as in other realms of business life, social polish doesn’t always go with capitalist success. Often it is the most narrow, intense, awkward people who start the best companies, employ the most people and create the most value.

Sadly, this recovery has been great for princes and horrible for grinds. The people who work at the big corporations are critical of the Obama administration, but the fact is they are doing very well. The big companies are posting excellent earnings. They’re sitting on mountains of cash.

The aspiring grinds, meanwhile, are dead in the water. Small businesses are not growing. They are not hiring. They are struggling to stay alive.

Princes can thrive in a period of slow, steady growth, but grinds need a certain sort of psychological atmosphere. They need a wide-open economy with plenty of creative destruction. They need an atmosphere of general confidence, so bankers will feel secure enough to lend them money, so big companies will feel brave enough to acquire their start-ups, so they themselves will feel the time is ripe to take on their world and show their brilliance to all of humanity.

The princes can thrive while the government intervenes in the private sector. They’ve got the lobbyists and the connections. The grinds, needless to say, don’t.

Over the past decade, professionals — lawyers, regulators and legislators — have inserted themselves into more and more economic realms. The princes are perfectly at home amid these tax breaks, low-interest loans and public-private partnerships. They went to the same schools as the professionals and speak the same language. The grinds try to stay far away and regard the interlocking network of corporate-government schmoozing with undisguised contempt.

The upshot is that we have an economy that is inching toward recovery but that is not creating much in the way of new innovations and new jobs. It’s not that the overall labor markets are shrinking. It’s just that very few grinds are bringing new ideas to scale and hiring workers to enact their us-against-the-world schemes.

For jobs to recover, the grinds have to recover, but it’s hard to see how that will happen so long as households are still so leveraged, government debt is still so unnerving and the business climate is still so terrible for entrepreneurs.

We’ve been mired in debates over macroeconomic models recently. But maybe the real issue is how we are going to light a fire under the country’s loners, its contrarians and its narrow, ambitious outsiders.