El transformista de Moncloa por Gabriel Calzada

Análisis de Gabriel Calzada sobre el manejo de la crisis por parte de Zapatero.

Destaco:

La crisis que comenzó en 2007 fue causada por un mal diseño institucional del ultraintervenido sistema monetario internacional, del que Zapatero sólo es responsable en la medida que lo es toda la clase política. Sin embargo, la depresión en la que hemos entrado es consecuencia directa de las medidas keynesianas de incremento alocado del gasto público y desequilibrio presupuestario que defendió con pasión.

En los dos primeros años de la crisis, llegó a decir que aquellas eran las únicas medidas posibles, en contra incluso de su anterior ministro de Economía, Pedro Solbes, quien le aconsejó que, antes que desajustar las cuentas públicas, era preferible no hacer nada, motivo por el que el presidente le forzó a marcharse.

Zapatero podría imitar a gobiernos socialdemócratas extranjeros, como el sueco, que, en pasadas situaciones de crisis sociales, han liberalizado mercados y otorgado más libertad de elección a los ciudadanos para que fueran ellos los que encabezaran las transformaciones económicas necesarias para prosperar.



ARTÍCULO:

A finales de la semana pasada, el presidente del Gobierno explicó a un medio de comunicación afín y nacional cómo le gustaría pasar a la historia de España. La respuesta de Zapatero muestra el carácter mesiánico de su proyecto y la poca idea que tiene este señor, a día de hoy, sobre las causas de la depresión económica en la que nos encontramos inmersos.

En el futuro, su contestación debería ser estudiada en institutos y facultades como caso práctico de dirigismo económico llevado a su extremo.

Dice Zapatero que quiere pasar a la historia, nada más y nada menos, que “como el presidente que, además de hacer frente a la crisis, transformó la economía y llevó a cabo la tercera gran transición económica de la democracia”.

Para empezar, el líder socialista da por sentado que ha hecho frente a la crisis económica con sus políticas. Su visión recuerda a la del monarca absoluto que se dedica a envilecer la moneda pero piensa que la subida generalizada de los precios se debe a una maldición caída del cielo, a un meteorito o a un acto de brujería, y cree que poniendo tasas a diestro y siniestro se enfrenta al problema.

Cuando las regulaciones de precios desencadenan el desabastecimiento de los mercados, el monarca asiste atónito a lo que ve como una inexplicable desgracia o como un ataque de malvados especuladores y acaparadores.

Tanto el rey absoluto como Zapatero piensan que no tienen otra relación con el fenómeno contra el que creen luchar que la de ser una desafortunada víctima real.

La crisis que comenzó en 2007 fue causada por un mal diseño institucional del ultraintervenido sistema monetario internacional, del que Zapatero sólo es responsable en la medida que lo es toda la clase política. Sin embargo, la depresión en la que hemos entrado es consecuencia directa de las medidas keynesianas de incremento alocado del gasto público y desequilibrio presupuestario que defendió con pasión.

En los dos primeros años de la crisis, llegó a decir que aquellas eran las únicas medidas posibles, en contra incluso de su anterior ministro de Economía, Pedro Solbes, quien le aconsejó que, antes que desajustar las cuentas públicas, era preferible no hacer nada, motivo por el que el presidente le forzó a marcharse.

Efecto desastroso

Con sus políticas, como sucede con el establecimiento de los precios máximos del monarca absolutista, Zapatero secó los mercados y nos condujo, a comienzos de mayo de este año, a una quiebra técnica que por fin reconoció, indirectamente, en el transcurso del debate sobre el Estado de la Nación.

Ni siquiera parece darse cuenta de que con su tijeretazo de urgencia, dictado por Bruselas, Washington y Pekín, no está haciendo frente a la crisis, sino al efecto desastroso de sus anteriores políticas contra la crisis. Además, su beneficioso efecto se producirá sólo si realmente termina recortando el gasto, algo que está aún por ver, porque lo que realmente le pide el cuerpo a ZP el rojo es subir todavía más los impuestos y la carga fiscal, lo que terminaría de asfixiar a la sociedad española.

Zapatero quiere “que esta legislatura sea la de la transformación económica”, esa que quiere realizar personalmente, como si fuera un Mesías, y por la que pretende pasar a la historia de España.

¿A qué transformación se refiere? El presidente está convencido de que las transformaciones de la economía llegan desde el Gobierno, cuando la realidad es que, en una economía sana y sostenible, las transformaciones llegan cada día desde abajo. Las grandes transformaciones desde la cúspide política se sostienen y duran lo que un castillo de naipes en medio de un vendaval.

Zapatero podría imitar a gobiernos socialdemócratas extranjeros, como el sueco, que, en pasadas situaciones de crisis sociales, han liberalizado mercados y otorgado más libertad de elección a los ciudadanos para que fueran ellos los que encabezaran las transformaciones económicas necesarias para prosperar.

"Somos lo que somos como país", como dice Zapatero, y los españoles tratarán de aprovechar las ventajas competitivas que tengamos para salir adelante. El problema para desempeñar esta tarea es que, en su anterior anuncio de transformación, Zapatero infló el tamaño del Estado y elevó costes de producción tan esenciales como el energético, imponiendo una enorme losa sobre las espaldas de los españoles que tratan de ofrecer productos dentro y fuera de nuestro país a precios atractivos.

Lo que necesitamos no es “confianza en nosotros mismos como país”, porque esa no es la causa de nuestra lamentable situación, sino menos transformistas en el Palacio de La Moncloa y más reformas liberalizadoras que permitan a los españoles llevar a cabo los cambios paulatinos que vayan configurando libremente nuestro modelo económico y social.

No hay comentarios:

Publicar un comentario